Montse de la Iglesia · Consultora de Digitalización Estratégica en Madrid
Mi amor por la tecnología nació en el instituto, cuando Internet ni siquiera era palpable, sino una suma de ceros y unos.
Un lacónico profesor nos hablóde los chats, desde lo que se podía hablar con personas de todo el mundo. Los blogs, los juegos online… Me enamoré. Perdidamente. ¡Hasta hoy! Aunque, desde entonces, la red ha cambiado. Y no siempre a mejor.
Trayectoria internacional: periodismo de datos y tecnología digital
Ahora se supone que debería enumerarte mis titulaciones, experiencia laboral, cursos complentarios… Voy a ahorrarte el tiempo: Si lo que buscas es un currículum, puedes visitar mi perfil de LinkedIn. Si no, sigue leyendo.
He sido trabajadora social, periodista y diseñadora UX. En ese orden, con mucho solapamiento y, en ocasiones, sin haberlo planeado demasiado. Llegué a cada uno de mis roles profesionales de manera natural.
Y ahora, mirándola, creo que esa mezcla no es accidental. En todos las disciplinas, escucho antes de proponer, analizo antes de recomendar y traduzco lo técnico para que llegue sin que tengas que ser una geek para entenderlo.
No llego con una lista de herramientas que tienes que contratar. Me siento contigo, miro lo que ya tienes y te ayudo a entender qué tiene sentido, qué sobra y cómo recuperar el control sin depender de nadie para cada cambio. Es lo que yo denomino autonomía digital.
Lo que me enseñó Alemania
En 2016, cumplí mi sueño de vivir en el extranjero. Pese a que no lo hice reportera de guerra, ni como cooperante internacional (dos de mis sueños profesionales) consideré que era una oportunidad que no podía dejar pasar.
Emigré a Alemania sin hablar el idioma, sin trabajo y sin red. Durante casi 8 años residí en tres ciudades diferentes y adapté mi rol laboral con cada mudanza.
Cada empleo me aportó nuevos aprendizajes y en aquel país, tan lejos de los míos, me sentí más yo que nunca. Reconecté con mi forma de entender el mundo y me atreví a lanzar mi propio proyecto.
Kartoffel Tortilla comenzó siendo un blog sobre recursos, información práctica y cultura alemana en español que terminó convirtiéndose en una web que contaba con infoproductos, servicios de asesoría para hispanohablantes residentes en el país y una tienda online.
Elegir herramientas, montar sistemas, crear contenido y una comunidad, resolver problemas técnicos y diseñar y gestionar la web me confirmaron que lo más importante no era tener más tecnología, sino que la que tenía funciona bien.
Cuando volví a España, convertir esa experiencia en mi trabajo me pareció el paso más lógico que, además, me permitía maternar con una peque nacida en tierras germanas. Pero había algo con lo que no contaba.
Mi experiencia en tecnología y simplificación digital
Regresé de Alemania a finales de 2023, creyendo (irónicamente) que podría retomar mi carrera profesional donde la había dejado.
En la locomotora de Europa, la tecnología era una opción. Podías existir profesionalmente sin estar en todas las redes sociales, sin dominar cada herramienta nueva que salía. ¡Incluso hacer tu vida normal sin necesitar apps! Sólo para algunas cosas puntuales.
El contraste fue brutal.
Aquí, en España, se había convertido en una imposición. Me fui con el discurso de que si no tenías suficientes seguidores en Twitter, no te cogían ni para una colaboración gratuita. Absurdo, pero acotado al mundo del periodismo y la comunicación. O eso pensaba.
Ahora, se había generalizado a casi cualquier sector y necesitabas una app hasta para sacar las entradas de la piscina.
La tecnología había dejado de ser una herramienta y se había convertido en un filtro. Y nadie parecía estar cuestionándolo. Eso me generó una pregunta que no me he quitado de encima desde entonces: ¿quién decide qué herramientas son imprescindibles, y por qué las aceptamos sin cuestionarlo?
Mi trabajo nació de ahí. Ayudo a emprendedoras a responder esa pregunta aplicándola en su propio negocio: qué tienen montado, cuánto les cuesta, si tiene sentido y qué harían si algo fallara mañana. Sin añadir más capas. Sin decirles lo que tienen que contratar. Sentándome con ellas y traduciéndolo.
Mi experiencia en tecnología y simplificación digital
- Que la mayoría de problemas técnicos no son técnicos. Son problemas de estructura, de falta de criterio o de decisiones acumuladas sin revisión.
- Que añadir herramientas es fácil. Lo difícil es saber cuáles quitar. Y que eso es, casi siempre, lo que más impacto tiene.
- Que la tecnología debería ser la parte de tu negocio que te da tranquilidad, no la que te quita el sueño. Y que cuando no lo es, el problema casi nunca está en la tecnología. Está en cómo se decidió usarla.
Cómo trabajo: criterio antes que ejecución
Primero entiendo. No toco nada hasta que no sé qué tienes, cómo funciona y qué necesita tu negocio. Después simplifico. Busco lo que sobra, lo que se solapa, lo que nadie usa y lo que genera fricción. Y entonces propongo. Un plan claro, ordenado por prioridades, con lenguaje que puedas entender sin necesitar un intérprete.
No implemento sin estrategia. No añado sin revisar. Y si algo no tiene sentido, lo digo. Aunque no sea lo que quieras oír.
Servicios que no ofrezco
No gestiono redes sociales, no hago publicidad, no programo a medida ni soy diseñadora gráfica. Tampoco trabajo con promesas de resultados mágicos.
Mi enfoque es estratégico y operativo: pienso, ordeno, simplifico. Y te dejo en un punto donde puedas avanzar con claridad, con o sin mí.
No necesitas tener claro qué servicio necesitas ni haber hecho los deberes antes de escribirme. A veces lo único que hace falta es una conversación.
Sin presión. Sin discurso de ventas. Solo ver si tiene sentido trabajar juntas.